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Horarios de apertura

Fines de semana y festivos de 10:30 a 14:30

Ermita Virgen de la Peña

Bienvenido caminante, arduo camino el que has andado para llegar a mi puerta.

Ahora, mientras recuperas el resuello y me observas con calma, has de saber que estás ante mil años de historia...

Adelante, entra y escucha la voz de mis muros de piedra.

Algo mio te llevarás contigo, algo tuyo perdurará en mi...

Ermita de Nuestra Señora Virgen de la Peña

ANIÉS

Bienvenidos, adelante, la puerta esta abierta.

Mientras el guía aparece y nos habla del Santuario y de su entorno, resumiremos en unas breves palabras, lo que vamos a descubrir trás estos muros de recogimiento.

Producto del hombre y nacida en la leyenda, este Santuario no dejará indiferente a nadie...a própios, que aún habitando cerca de su enclave desconocen sus raices de piedra, y a extraños que no habían oido hablar de ella.

Descansa en su interior en silencio, observa el arte vivo que nos envuelve y habla con mudo gesto, escucha el murmullo de los peregrinos del pasado...siente la mirada de las imágenes en sus pedestales y cuéntales algo del andar de tu camino.

Disfruta del misterio de los siglos en su lento trasiego, siéntete parte ahora mismo de este momento y forma parte de su historia.

Bienvenidos...

En Aniés, villa perteneciente a La Sotonera y enclavada entre Bolea y Loarre, podemos encontrar este entorno eremítico, producto de la devoción de sus gentes hacia nuestra Señora de la Virgen de La Peña. En escritos contrastados y en los relatos del carmelita, Padre Faci, donde en su obra "Aragón, reino de Cristo, dote de María Santísima, fundado sobre la columna inmóvil de Nuestra Señora en su ciudad de Zaragoza" hace una escueta alusión a los orígenes de la ermita, así como de su ubicación y misterios. A continuación, se refleja el fragmento original sin alteraciones ni tachas, de la visita del Padre Faci a nuestro Santuario.

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Está situado el lugar de Aniés entre las antiguas y nobles villas de Ayerbe, y Bolea, a la raiz de las montañas de Jaca; venera aquel pueblo la Santa Imagen de Nuestra Señora de la Peña, llamada asi, por estar su santuario sobre una peña, o peñon; mirada la elevación, y cuan cortada esta aquella, se representa, antes de experimentarse, como imposible su subida a tan elevada cumbre; y experimentada, se halla siempre difícil, y naturalmente peligrosa; por que no hay, ni puede haber otro ascenso, que el que ha fabricado la devoción más que el arte, formando en la peña viva,unas gradas que le van circulando: en esta circulación y rodeo hay algunos pasos tan estrechos, como peligrosos; pués solo en algunos se puede asegurar el pie, causando naturalmente horror el despeñadero contínuo que se trae siempre presente a los ojos; por lo cual es inaccesible la subida para todo género de caballería. La distancia del pueblo de Aniés hasta la raíz del peñasco será como de tres cuartos de hora, y la subida referida, más que otro largo cuarto de legua; y después que subiendo en la forma dicha, se ha vencido, ó ganado su altura, concienza desde alli otra rara novedad; pués para llegar a la iglesia se han de bajar no menos que cuarenta y dos ó más escalones de piedra por las cuales se dá entrada a un cóncavo u hondura en la que se vé una pequeña plaza.

El hallazgo de la Santa Imágen en aquel tan peregrino sitio según la tradición de aquellas montañas, sucedió en esta forma.

Habiendo un caballero militar de los que guarnecían el castillo de Loarre salido a caza por aquellos montes y sierras con su alcón [...]

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[...] soltólo contra una perdiz distante, la cual huyendo de su cruel enemigo, se arrojó dentro de la mencionada hondura, a donde en seguimiento de la perdiz, prosiguió su vuelo el alcón: hizo este alli tan larga mansión sin volver á las manos de su dueño, que temeroso de perderlo éste, comenzó á hacer las diligencias para recobrarlo; quiso bajar á aquella hondura; más siendo por entonces imposible, (sin las gradas de piedra que hoy tiene) dispuso que bajase un criado atado á una larga soga; llegó este á lo profundo, y halló allí un retablo compuesto de una pomposa zarza, en cuyo lado derecho estaba la Imágen de la Virgen y en el siniestro la perdiz viva, ladeada de el alcón y libre de su crueldad, pues este, como olvidado de su sangriento instinto parecía estar como suspenso y admirado de ver como en tan oculto sitio, había tan hermoso espectáculo. Volvió el caballero, como noticioso ya de aquel tesoro mas feliz á su casa, y comunicando á los cristianos tan singular noticia, fueron en procesión al sitio, y sacando de él la Santa Imégen la trasladaron á una antiquísima iglesia de S.Pedro Apóstol que por entonces había á la raiz del peñasco; hoy sólo hay vestigios de ésta, y de algunas otras fábricas vecinas, que en Aniés entienden haber sido de Templarios.

Afirma la tradición que desde dicho templo de S.Pedro se restituyó la S. Imágen una, ó más veces al cóncavo de la peña, donde fué hallada por el criado y el caballero, por lo cual venerando los de Aniés la expresada voluntad de N.Sra. la erigieron en aquel cóncavo la Iglesia en que hoy se venera. De una memoria escrita que se conserva en aquélla Iglesia se infiere que esta aparución sucedió por los años 903.

La Imágen es de madera y de escultura primorosa, su rostro y ropage; su estatura es de cuatro palmos; está de pié: tiene al Niño Jesús en el brazo izquierdo, y en la mano derecha una manzana de las que llaman coloradas. El Niño muestra en su siniestra una manzanilla de color amarilllo, y tiene su diestra levantada con ademán de estar dando la bendición al pueblo.

He aquí la relación de algunos milagros.

Concurrían los pueblos de Aniés, Rasal y Ventué á venerar a la Sagrada Imágen en el día 9 de Mayo de 1717, hallábase el templo lleno de fieles, oyendo la primera misa, que se cantaba; y repentínamente cayó ó se hundió la cuarta parte del templo, que estaba fundada sobre otros edificios del Santuario, y cayeron juntamente 25 personas, que estaban hacia aquella parte: y sin embargo, que la caida hacia lo profundo, fué como de 24 palmos en alto; y que en ella se hundieron tres órdenes de suelos; no obstante todo este horrible estrago, ninguno de los 25 caidos peligró, ni contrajo lesión alguna; solo un hombre sacó una ligera rozadura en la nariz por haber querido salir prontamente de aquellas ruinas.

Son muchos y estimables los donativos, que se refieren hechos á esta Santa Imágen: tres sobresalen entre otros. Una señora Baronesa de Ayerbe, (cuyo nombre se ignora) hallándose infecunda, recorrió á esta Soberana Señora, y habiendo logrado por su bendición, sucesión gloriosa, correspondió agradecida con cuatro bien labradas alhajas de plata, que son dos candeleros y dos bujias.

Un señor de Nisano (familia nobilísima de los Urries de Huesca) hallándose encarcelado, procesado sobre grave calumnia, en que peligraba su honra y vida, desde el calabozo impoloró el favor de esta Santa Imágen, y habiendo por su intercesión conseguido honrosa libertad, la reconoció con el donativo de una lámpara de plata. Una gitana ofreció á esta Soberana Señora una cadena de oro, excediendo al parecer, la devoción de aquella gitana, á la de muchos señores y señoras, en quienes la gratitud siendo tan natural, nada tiene que vencer subió á este Santuario ua enna compañía de esta gente errante y con tantos errores peregrina; iba entre estos una gitana cargada con una hija suya pequeña; ésta traveseando,según su edad, a vista de uno de los despeñaderos del peñasco, cayó y rodó desde lo alto hasta lo llano, donde comienza su subida; vista esta tragedia, bajaron á buscarla para sepultarla, suponiéndolam no solo difunta, sino despedazada: la desconsolada madre entre tanto se postró á los pies de Nuestra Señora pidiéndola salud para su hija; la resulta de esta oración fué hallar á la niña tan sana y serena que estaba jugando con unas piedrecitas á la falda de aquella peña. Agradecida la madre á tan inefable favor, ofreció y dió luego, como si fuera noble, con peregrina generosidad á Nuestra Señora, una rica y pesada cadena de oro finísimo, y la lleva la Virgen pendiente en sus festividades.

Tiene este Santuario para su culto y decoro, un ermitaño que cuida de recoger limosnas copiosas, que ofrecen los fieles; y tiene aqui todo el tiempo que permite la destemplanza de nieves y hielos, su habitación; hay también un cuarto muy decente pra que los devotos que todo el año frrecuentan esta ermita, logren algún abrigo y consuelo en montes tan solos y elevados.

P. Alberto Faci

Horarios y tarifas

De Jueves Santo al 12 de octubre

Abierto
fines de semana
y festivos
de 10:30 a 14:30
Precio de la
entrada
individual
2,50 €
  • Visitas Guiadas al Santuario.
  • Posibilidad de translado a grupos reducidos hasta la cima con vehículo adaptado 4x4.
  • Visitas concertadas fuera de los horarios establecidos.
Consulta disponibilidad y presupuesto
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Información y reservas:

974 342 161 • 690 636 080 • 649 307 480
informacionyreservas@castillodeloarre.es